CINE

AsAECA llegó al NEA: cine, memoria y debates en la UNNE

El Congreso de la Asociación Argentina de Estudios sobre Cine y Audiovisual se desarrolla en Corrientes y Resistencia con eje en el federalismo, la crisis del sector y las nuevas formas de producción.

El Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Estudios sobre Cine y Audiovisual (AsAECA) se realiza por primera vez en el Nordeste argentino, con sede en la Universidad Nacional del Nordeste y actividades en Corrientes y Resistencia. Se trata de uno de los principales espacios académicos del país dedicados al estudio del cine y lo audiovisual, que reúne a investigadores, realizadores, docentes y estudiantes para debatir sobre producción, circulación, tecnologías y políticas del sector. En un contexto marcado por el desfinanciamiento y la concentración, esta edición pone el foco en las miradas federales, las experiencias territoriales y las formas de resistencia cultural. Nueva Mirada dialogó con Cleopatra Barrios, una de las organizadoras del encuentro.

NM: ¿Qué significa que este congreso llegue por primera vez al Nordeste?

CB: Es la primera vez que el congreso de AsAECA se realiza en la región y para nosotros es muy importante. Hace más de 20 años que el NEA tiene un crecimiento sostenido en la producción audiovisual, pero la investigación en torno al audiovisual es todavía emergente, al igual que muchos proyectos federales y públicos. Traer el congreso tiene que ver con consolidar ese proceso y darle visibilidad a lo que se viene construyendo desde las universidades y desde el territorio, por fuera del histórico centralismo de Buenos Aires.

NM: ¿Qué es AsAECA y qué lugar ocupa dentro del campo audiovisual?

CB: AsAECA es la Asociación Argentina de Estudios sobre Cine y Audiovisual. Es un espacio que nuclea a investigadores e investigadoras de todo el país que trabajan sobre cine, televisión, plataformas y cultura audiovisual en general. El congreso es bianual y funciona como un lugar de intercambio académico, pero también de articulación con el sector de la producción, la exhibición y las políticas públicas.

NM: En ese sentido, ¿cómo se vincula el crecimiento de la producción con el desarrollo académico en la región?

CB: Durante mucho tiempo la historia del cine se pensó desde el centro, y eso también se reflejó en el fomento y en la investigación. En la última década empieza a cambiar, no solo por la aparición de tecnicaturas, sino por la consolidación de licenciaturas y posgrados en comunicación y artes en la región. Eso genera nuevas preguntas, nuevas líneas de investigación y también nuevas formas de producir y pensar el audiovisual desde acá.

NM: El congreso incluye tanto referentes nacionales como realizadores regionales. ¿Qué se busca con esa articulación?

CB: Cuando nos propusimos como sede empezamos a dialogar con todo el sector: formación, producción, exhibición, festivales. La idea fue que el congreso no sea solo académico, sino que incluya a quienes hacen cine en la región. Por eso hay una fuerte presencia de realizadores del NEA, espacios colectivos y redes como la de Documentalistas. Se busca generar encuentros, intercambios y fortalecer vínculos que muchas veces están dispersos.

NM: Hay una programación muy amplia, con proyecciones, muestras y ejes temáticos diversos. ¿Qué destacarías?

CB: Hay varios núcleos fuertes. Uno es el de cine y memoria, en el marco de los 50 años del golpe, con materiales de archivo y debates específicos. Otro es el cine indígena, con producciones realizadas por las propias comunidades, lo que implica un cambio en la forma de representación. También hay una muestra Sur-Sur con producciones regionales en diálogo con otros países, y espacios dedicados a diversidad, territorio y conflictos actuales.

NM: La apertura y el cierre del congreso también parecen dialogar entre sí.

CB: Sí, la película inaugural es Prisioneros de la tierra, en versión restaurada, que aborda la explotación en los yerbatales y la figura del mensú. Y el cierre es con Soberanía en juego, de Camilo Gómez Montero, que sigue una lucha actual por la tierra. Hay una continuidad temática: problemáticas históricas que siguen vigentes. Eso también habla de cómo el cine permite pensar procesos largos y conflictos que no se resuelven.

NM: El lema del congreso propone “volver a imaginarnos” y pensar las tecnologías desde la resistencia. ¿Qué implica esa consigna?

CB: Surge de una coyuntura muy fuerte. El sector viene atravesando un proceso de desfinanciamiento, cierre de espacios y debilitamiento de políticas públicas. En ese contexto, el congreso anterior estuvo atravesado por movilizaciones y conflictos. Entonces aparece la necesidad de “barajar y dar de nuevo”, de repensarnos.

Al mismo tiempo, hay una transformación en los modos de consumo y producción, con la centralidad de las plataformas. Por eso discutimos quién controla esas tecnologías, cómo se distribuyen los contenidos y qué lugar tiene lo público y lo local en ese escenario.

NM: ¿Cómo describís la situación actual de la industria audiovisual?

CB: Es muy crítica. Hoy hablamos prácticamente de financiamiento cero. Las convocatorias que existen están dirigidas a grandes empresas y eso profundiza el centralismo. Para las productoras pequeñas del interior, las posibilidades son muy limitadas. Además, se han cerrado festivales, espacios de exhibición y ámbitos de debate. Hay una desarticulación muy fuerte del sector.

NM: Frente a ese escenario, ¿qué rol cumple el congreso?

CB: Más allá de lo académico, el congreso funciona como un espacio de encuentro. Necesitamos volver a vernos, a discutir, a organizarnos. Estamos muy atravesados por la virtualidad y por la fragmentación, y recuperar lo presencial también es una decisión política. Es un espacio para reconstruir redes y pensar colectivamente cómo seguir.

NM: ¿Qué participación están teniendo los estudiantes y la comunidad universitaria?

CB: Hay una participación muy activa. Muchos estudiantes están realizando prácticas profesionales en el marco del congreso, colaborando en distintas áreas. También hay una muestra federal universitaria con producciones de distintas carreras y universidades. Es una oportunidad para que se vinculen con referentes, que puedan dialogar cara a cara y formar parte de estos espacios.

NM: La programación es muy extensa y abierta al público. ¿Cómo se organiza esa propuesta?

CB: Son más de 40 páginas de programación, con actividades en paralelo durante cuatro días. Hay proyecciones, mesas, conversatorios, presentaciones de libros. Todo es gratuito, tanto para estudiantes y docentes como para el público en general. La idea es que cada quien pueda armar su recorrido según sus intereses y disponibilidad.

NM: El congreso también involucra a distintas instituciones y espacios culturales.

CB: Sí, hay un trabajo articulado muy grande. Participan institutos de cultura, polos audiovisuales, espacios independientes y ciclos ya existentes que se suman como actividades precongreso. También hay apoyo para proyecciones en distintos puntos, incluso con cinemóviles. Eso permite que el congreso se expanda más allá de la universidad.

NM: ¿Qué expectativas tienen para esta edición?

CB: Que sea un espacio de encuentro y de construcción colectiva. Sabemos que el contexto es complejo, pero también creemos que hay una gran necesidad de estos espacios. Esperamos que se aproveche, que la gente participe y que sirva para fortalecer al sector en la región.”

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